26 Los Pijiguaos

Nuestra empresa ganó una licitación pública internacional financiada por el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID) para la construcción de las obras en el “Centro de
mina”, cumbre de un cerro en Los Pijiguaos, en plena selva, 700 kms al sur de Caracas, 60
kms al sur del río Orinoco.

Poco tiempo después nuestra empresa ganó una segunda licitación para el mismo cliente,
BAUXIVEN, esta vez para construir las obras a “Pié de Cerro” de esa mina y para construir
el puerto “El Jobal”, en el río Orinoco, a 60 km de “Pié de Cerro”.

En esta segunda licitación íbamos asociados con la empresa española Compañía
Constructora de Puertos, Estructuras y Vías (CAPEV).
En la reunión con dicha empresa en el día previo a la presentación de ofertas discutimos
largamente acerca de cuál debería ser el precio a poner en nuestra oferta.
Mi proposición era poner 10 millones de dólares más que lo que pensaban tanto los
ejecutivos de CAPEV como los ejecutivos de mi empresa que participaron en esa reunión.
Todos sugerían ofertar 50 millones dólares. Yo, 60.
Pasé algunas hora tratando de convencerlos de tomar ese riesgo.
Ese día se me agotó el tiempo para defender mi posición porque tenía entradas para ir
con mi madre a ver a Claudio Arrau, quien daba un recital de piano en el teatro Teresa
Carreño, instalación absolutamente maravillosa.
Mi madre había soñado siempre con ir a un recital de Arrau, su ilusión era mucha y ambos
eran bastante mayores. No podía perder esa oportunidad.

Cuando me retiré de la reunión los ejecutivos se quedaron discutiendo.
Desde la puerta les insistí: “póngan 10 millones de dólares más, que igual vamos a ganar a
la licitación”, y me fui al recital.

Cuando llegué al Teresa Carreño me enteré de que el evento había sido suspendido a
última hora por enfermedad del pianista, quien se presentó un par de días después,
oportunidad en la que asistí acompañado de mi madre.

El día siguiente de la reunión con la gente de CAPEV para convenir el precio de nuestra
oferta se abrieron los sobres de la licitación.
Nuestra empresa resultó ganadora. También habría ganado si hubiéramos cotizado 10
millones de dólares más. Esto es lo que en la jerga de los constructores se llama dejar 10
millones en la mesa.

Las opciones para llegar hasta los Pijiguaos eran por avión, hasta el pequeño aeropuerto
de tierra de la mina o por avión comercial, vía Calcara del Orinoco o vía Puerto Ayacucho.
Cualquiera de las dos opciones vía avión comercial exigía además viajar por tierra
alrededor de 200 km porque Los Pijiguaos queda a 180 km del lugar poblado más cercano.
En resumen, obras en medio de la selva mas salvaje.